Epifanía y monarquía católica

En la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo los carlistas celebramos la festividad de la Monarquía tradicional. El sentido político de esta celebración es claro: en el acto de adoración del Portal de Belén se manifiesta un microcosmos de cómo debería estar configurada una sociedad. Artesanos, campesinos y pescadores (seglares) junto con pastores (clero) y Sus Majestades de Oriente (monarcas de la Cristiandad) adoran al Niño Dios. Se trata, pues, de una evidente alusión a la Realeza Social de Cristo y de la fundamental vinculación de esta doctrina con la forma de gobierno de la monarquía.
Por los regalos de los Reyes conocemos la naturaleza de Jesucristo como Dios y como hombre, pero también como Rey. Por los signos providenciales que siempre hallamos en las Sagradas Escrituras, resulta curioso observar que sea el Rey Melchor el que obsequia a Nuestro Señor con el oro, símbolo de la realeza.Y es llamativo ya que, atendiendo a las formas étnico-tribales –de esencia veterotestamentaria–, que aparecen en los Evangelios, a Melchor se le ha prefigurado como representante de los gentiles de Occidente, los descendientes de Jafet, mientras que Gaspar sería el Rey Mago de los descendentes de Sem y Baltasar el de los de Cam. Siendo esta una imagen prefigurada o no, es, cuanto menos, interesante. Y lo es porque precisamente ha sido entre los gentiles donde se ha desarrollado mejor la Cristiandad, dando lugar a las épocas de mayor exaltación de la Fe Católica y mejor expresión del Reinado Social de Cristo que se han dado en la Tierra: la Edad Media y la Monarquía Hispánica, como continuadora de la misma.
Por el desarrollo de la Cristiandad, la aparición providencial de la universalidad del Imperio Romano como empresa civilizadora, respetando, no obstante, particularismos y fueros e insertándolos en la estructura orgánica de las monarquías cristianas arbitradas por el Papa, sabemos bien que el Reinado Social de Cristo no se reduce a una raza ni a un pueblo. Pues, del mismo modo que el pueblo judío fue el pueblo de Dios del Antiguo Testamento, podemos decir, como pensaba también el insigne carlista don Manuel Fal Conde, que el pueblo español es el pueblo de Dios del Nuevo Testamento. Así lo demuestra la Historia, ya que, si hablamos de que la Cristiandad medieval y la Monarquía Hispánica fueron los períodos históricos de mayor Gloria para la Iglesia, sabemos también que la ortodoxia y celo apostólico de las Españas, tanto en la Cruzada de la Reconquista como en la proeza de la conquista y evangelización de América y demás territorios de ultramar, no han tenido parangón en ninguna otra monarquía; siendo la Monarquía Hispánica, como decía S.A.R. Sixto Enrique de Borbón en su Manifiesto del 17 de julio del 2001: «la más alta expresión de la Cristiandad en la historia».
Ante la decadencia total que vivimos en lo que otrora fue el Occidente cristiano, el Carlismo, fiel y legítimo continuador de la Monarquía Hispánica, conforma, esa Christianitas minima que resiste y prevalece frente a todas las embestidas revolucionarias. Quiera Dios, en este día de su Epifanía que celebramos, que podamos restaurar las viejas Españas que un día fueron el mejor ejemplo y reflejo de esa sociedad católica que se prefiguró en el Portal de Belén.
Jaime Alonso Valverde
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s